sábado, 8 de diciembre de 2012

Parto y salud emocional

Todo el mundo ha oído o sabe por experiencia propia cómo se desarrolla un parto desde el punto de vista fisiológico: qué hormonas están implicadas, los tipos de parto que hay, lo duro que es el postparto, … pero la íntima conexión de esa experiencia física con el desarrollo psicoafectivo del bebé y la salud emocional de la madre es un descubrimiento relativamente temprano que estamos empezando a conocer y entender, y tienen que perdonarme por la expresión, pero “flipamos con ello”.

Una cuestión que creó mucha controversia es si después del parto es necesario que el bebé tome contacto con la madre; según el artículo de la Dra. Ibone Olza (2008), “de la teoría del vinculo a la neurobiología del apego”, está demostrado que la separación de su madre supone para el bebé un estrés enorme que hace todo lo posible por reunirse con ella a través del llanto. Si pasado un tiempo no lo consigue el bebé deja de llorar: esto no significa que esté bien sino todo lo contrario, su cerebro siente que su vida corre peligro y decide pasar a un modo de  “ahorro energético”  para asegurar su supervivencia. Durante ese llanto inicial por la separación el bebé produce niveles altísimos de cortisol que pueden ser dañinos para su propio cerebro, así como se ve alterado el equilibrio de oxitocina generada durante el parto.

Sin niveles adecuados de oxitocina la calidad de la relación afectiva y de vínculo entre la madre y el hijo se ve debilitada, y por lo tanto la capacidad para establecer futuras relaciones también. Como veremos más adelante, esta alteración puede verse compensada con las habilidades de crianza de la madre.

Estudios con niños adoptados vuelven a demostrar que la separación, tiene efectos negativos en el desarrollo neurológico del niño. Durante el juego con la madre el niño genera oxitocina. Sin embargo, en niños que han sido adoptados a pesar de estar con familias muy amorosas no producen esta hormona en la interacción del juego, lo que ha llevado a la conclusión de que separaciones muy tempranas de la madre biológica pueden dejar secuelas en el desarrollo neurológico y hormonal que persisten después de un tiempo.

Esto no quiere decir que una vez dada la separación por cuestiones inevitables para la madre y bebé esta separación no pueda ser reparada. Aunque no hay estudios firmes sobre ello parece razonable pensar que los tratamientos para potenciar el vínculo sean a través del contacto piel con piel, la lactancia materna, el masaje infantil, cargar a los niños en brazos… prácticas todas ellas recomendables para favorecer el apego seguro.

Aunque todas la evidencias señalan la inconveniencia de la separación madre-bebé en los primeros momentos de vida, la práctica médica tiene pendiente aplicar todos estos hallazgos, especialmente en partos por cesárea donde son muchos los casos donde la madre no puede reunirse con el bebé hasta uno o dos días después del nacimiento.

Y con estos descubrimientos que plantean un cambio en el modus operandi de un parto, me pregunto ¿qué pensarán nuestras madres de todo esto?




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